Venta de comida preparada a domicilio
Cuando muchas familias se quedan sin cocina, sin gas o sin tiempo por atender la emergencia, la comida hecha y económica se vuelve un servicio básico del barrio.
Es el escenario que más miedo da y del que más mentiras circulan. La verdad documentada es incómoda en las dos direcciones: no es una muerte segura —en Hiroshima, estar dentro de una casa redujo la dosis recibida a la mitad o más— y tampoco hay pastilla que te blinde. Lo que decide quién sobrevive a la lluvia radiactiva es una sola cosa, y las agencias la resumen en tres palabras: entra, quédate dentro, mantente informado.
Actualizado el 9 de septiembre de 2026

Identifica hoy tu mejor refugio. FEMA es concreta: «el lugar más seguro es el sótano o la habitación más interior de un edificio estructuralmente sólido», sin ventanas si es posible, porque «más paredes dan más protección». El CDC ordena las opciones: un edificio de varios pisos de ladrillo o concreto, o un sótano, son lo mejor; pero estar dentro de cualquier edificio es más seguro que estar afuera.
Cuánto hay que quedarse dentro. El CDC indica permanecer refugiado al menos 24 horas; la guía de FEMA plantea un rango de 12 a 24 horas, salvo que una amenaza más inmediata —un incendio o un derrumbe— obligue a salir antes. En ambos casos la regla es la misma: no se sale hasta que las autoridades digan que es seguro, salvo por una condición que amenace la vida.
El plan familiar de este escenario tiene una diferencia enorme con todos los demás del sitio: aquí el plan es no ir a buscarse. Es contraintuitivo y cuesta aceptarlo, pero es exactamente lo que piden las agencias, porque salir durante las primeras horas es lo que convierte a una persona a salvo en una persona expuesta.
Esta es la sección que decide quién la pasa mal y quién la pasa peligrosamente mal. Una emergencia no suspende la diabetes, la hipertensión, el embarazo ni la dependencia de un concentrador de oxígeno: lo que se interrumpe es el acceso a la farmacia, a la clínica y a la electricidad. Todo lo que sigue se prepara antes, porque durante ya no hay margen.
Cuando muchas familias se quedan sin cocina, sin gas o sin tiempo por atender la emergencia, la comida hecha y económica se vuelve un servicio básico del barrio.
Personas mayores, enfermas o sin transporte necesitan que alguien les lleve medicinas, despensa y garrafones. Se cobra por viaje o por tiempo.
Sellar rendijas de puertas y ventanas, poner burletes y aislar techos hace que la casa conserve el calor y baja el gasto en calefacción.
Cuando se va la luz durante días, lo primero que se agota son las lámparas de pilas, las pilas y las baterías para el teléfono. Reventa local con margen pequeño y rotación rápida.
Las oportunidades son posibilidades, no garantías. El resultado depende de la ubicación, la demanda, la competencia, el capital, las habilidades y las circunstancias de cada persona.
Filtra las posibilidades de ingreso según tu situación. Los resultados son puntos de partida para investigar en tu zona, no recomendaciones personalizadas. ¿Qué puedo hacer?
Este apartado exige una advertencia antes que una lista, porque es el escenario donde más se lucra con el miedo. Todo lo que se venda prometiendo blindaje personal contra la radiación es fraude, y en este caso el fraude puede matar: alguien que se cree protegido sale del refugio antes de tiempo.
Lo que sí tiene demanda legítima es lo que hace habitable un refugio y lo que sostiene a una familia encerrada varios días. Es prácticamente la misma preparación que sirve para un apagón o un huracán, que es justamente el argumento honesto de venta:
Conviene partir de un dato para dimensionar de qué estamos hablando: según la OIT, la informalidad afecta a casi la mitad de la población ocupada de América Latina y el Caribe, alrededor del 47%, con diferencias enormes entre países —menos del 30% en Uruguay y Chile, más del 70% en Bolivia y Perú—. Para millones de familias de la región, «buscar trabajo» y «montar algo por cuenta propia» son la misma frase. Lo que sigue no es una promesa de ingresos: es el mapa de lo que la gente efectivamente hace cuando pasa una crisis, con sus requisitos y sus riesgos a la vista.
La honestidad obliga a decir algo primero: este no es un escenario en el que convenga montar un negocio «para cuando pase». Lo que sí existe, y es legítimo y útil, es el trabajo de preparación —que además sirve para las emergencias mucho más probables— y el trabajo de recuperación que se hace después, con equipo y formación, no improvisando.
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Casos reales, publicados y verificables: cada uno enlaza la fuente donde se documentó. Aquí no hay testimonios inventados.
La bomba del 6 de agosto de 1945 dañó cerca del 90% de la flota de Hiroshima Electric Railway (108 de 123 coches) y mató, según Hiroshima Peace Media, a 211 de los aproximadamente 950 empleados que estaban de servicio ese día, entre ellos 30 estudiantes de la escuela femenina afiliada, que trabajaban como cobradoras. Aun así, el servicio se reanudó el 9 de agosto, tres días después. Dos de aquellos coches —uno de ellos el 651— siguen circulando hoy.
Qué aprender de aquí: Lo que devolvió algo de normalidad no fue reconstruir la ciudad, fue restablecer <strong>un servicio</strong>: moverse, y ver que algo funcionaba. En cualquier plan familiar o comunitario vale la misma pregunta: cuál es el servicio mínimo —agua, comunicación, transporte, un punto de reunión— que se puede volver a poner en pie primero, aunque todo lo demás siga roto.
Hiroshima Peace Media Center (Chugoku Shimbun) · 2008-06-23 · Are A-bombed streetcars still in service?
Lo que muestran los casos estudiados. Este apartado existe para reemplazar el rumor por evidencia medida, en las dos direcciones: ni catástrofe inevitable ni asunto menor.
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